VIAJE A PARIS


Me subí a aquel tren, cargado de ilusiones, repleto de sueños que cumplir, de experiencias y emociones, que partía rumbo a PARÍS.

Viajaba en compañía "Mariana", no porque fuéramos cargadas de hierba (como en Año Mariano) sino porque 2 eran MARÍAS y la otra era ANA.

Viajamos de noche, a la luz de las estrellas, en aquel cuchitril donde el CO2 era el rey de la fiesta.

Al amanecer llegamos a AUSTERLITZ, el nombre perfecto para la estación donde moría aquel tren, lo más parecido a una cámara de gas.

El metro nos recogió al llegar, para llevarnos hasta aquel albergue de escaleras elípticas y habitaciones microscópicas donde dejarnos morir de noche para volver a resucitar por el día.

Visitamos mil y un lugar, dejándonos la piel en el asfalto de aquella noble ciudad.

Mil kilómetros a pie, dos mil andando, tres mil en tren y cinco mil volando.

Tocamos el cielo, con la punta de los dedos, desde la TORRE EIFFEL y con los ojos abiertos.

Un viaje para no olvidar y un tiempo para añorar.

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