VIVIR


Frenamos nuestros instintos por miedo al fracaso, a la decepción, al sufrimiento...

Creamos barreras tras las que nos refugiamos, para sentirnos más fuertes, creyendo así que seremos capaces de burlar el látigo de la vulnerabilidad.

Pero lo único que conseguimos es generar un mundo cobarde, frío, desconfiado, vacío.

Un mundo en el que la gente parece observar el escaparate de la vida, sin pararse siquiera a pensar, que VIVIR ES ACTUAR.

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